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Martes, 14 abril 2026 08:59

Elena, la fe sencilla que espera a León XIV en Madrid: «Aunque no lo creáis, el papa piensa en vosotros»

Elena, la fe sencilla que espera a León XIV en Madrid: «Aunque no lo creáis, el papa piensa en vosotros»

Elena tiene 12 años. Estudia en el colegio Nuestra Señora de Fátima, en Madrid, y nunca ha visto a un papa en directo. Pero cuando habla de la figura del papa, de lo que significa para ella que León XIV venga a su ciudad, o de cómo encontró a Dios en un sueño después de morir su abuela, lo hace con una calma y una claridad que descolocan un poco. No porque sean palabras aprendidas, sino precisamente porque no lo son. Son suyas, buscadas desde dentro, con la honestidad directa de quien todavía no ha aprendido a disimular lo que siente.

La noticia de la visita papal a Madrid la recibió con emoción: «La figura del papa siempre ha sido para mí algo muy lejano, algo inalcanzable», dice. Y, sin embargo, lejos de quedarse en esa distancia, lo primero que piensa fue en pedirles a sus padres que la acompañen a estar cerca de él. Porque para Elena la Iglesia y la familia son la misma cosa dicha de dos maneras distintas. Su padre es catequista. Su madre acompaña también en la catequesis. Ella y su hermano han crecido yendo a misa con ellos, viviendo la fe como algo cotidiano y no como algo excepcional. «Siempre he sentido la conexión de la Iglesia a través de ellos», explica, «y estoy muy agradecida porque lo he tenido siempre presente».

Lo que más le gusta del papa León XIV, dice, es que es un papa cercano a los jóvenes. Que los tiene en cuenta. Que les habla. Eso, para una chica de 12 años que ve cómo sus compañeros de colegio se distraen con otras noticias y no prestan demasiada atención a la visita papal, tiene un peso especial.

Elena no lo dice con juicio hacia sus amigos, sino con la convicción tranquila de quien sabe algo que los demás todavía no han descubierto y tiene ganas de contárselo. De hecho, cuando se le pide que les diga algo directamente, mirando a los micrófonos como si fueran su clase, lo hace sin dudar: «Chicos, el papa León XIV se aproxima a donde estamos y quisiera que se acercaran a él. Aunque vosotros no penséis tanto en él, él siempre piensa en vosotros. Os está cuidando, aunque no lo creáis, aunque muchos dudéis de él».

Hay un momento en la conversación que lo detiene todo. Se le pregunta por qué, con su edad y en el mundo en que vive, le importa tanto vivir cerca de Dios. Y Elena cuenta que cuando murió su abuela, su familia se alejó un poco. Pero entonces ella tuvo un sueño en el que apareció su abuela junto a Dios. «Me quedé quieta», recuerda. «Me dio mucha paz, y lo sentí tan real.» Es una frase dicha sin dramatismo, casi de pasada, pero que resume algo difícil de explicar de otra manera: la fe como experiencia concreta, no como concepto abstracto. Como algo que le pasó a ella, de noche, en un sueño, y que desde entonces le ayuda a vivir.

El papa con el que más vínculo ha sentido hasta ahora obviamente es Francisco, con quien creció. Su muerte, confiesa, la vivió como un día gris. Lo había seguido de cerca, había rezado por él cuando al final de todos sus discursos lo pedía, y su ausencia dejó un hueco. Con León XIV, dice, están empezando. «Recién lo estamos conociendo, estamos viendo lo que hace». Pero el hecho de que haya pasado años en Latinoamérica, continente del que ella es originaria, le genera una cercanía instintiva. «Se siente que entiende la situación en Latinoamérica», dice.

En el ascensor imaginario, Elena acierta a formularle al papa la pregunta que, en el fondo, lleva rondando todo el episodio: «Santo Padre, ¿qué les diría usted a los jóvenes de hoy en día para que se sientan más conectados con la Iglesia y sientan más cerca la presencia de Dios en este mundo tan cambiante, dividido, conflictivo?» Y añade, con esa lógica suya que siempre sorprende un poco: aunque no le dé tiempo a contestar, confía en que él lo recuerde y lo ponga en práctica en algún discurso.

El episodio cierra con una oración que Elena recita con voz serena, pidiendo salud, fuerza y sabiduría para León XIV: «Te pedimos, Señor Todopoderoso, que protejas al Papa León XIV. Te pedimos que le des fuerza para seguir guiándonos. Le des salud a su cuerpo y mucha sabiduría en su corazón para que siempre sepa cómo ayudarnos a ser mejores personas y seguir bienaventurados en el camino del Señor. Que tu origen latinoamericano inspire en el mundo mucha esperanza y unidad. Amén».

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